Deportes

Conozca El Jugador De Golden State Que Por Poco Le Amputan Pierna

¿Tienen un minuto?“, decía Shaun Livingston en enero en una entrevista para Sportscenter. Sentado en un sillón, solo unos meses después de haber ganado la NBA con los Golden State Warriors. Y es que su historia, una de las más increíbles que el mundo del deporte ha vivido en los últimos tiempos, requiere y merece, al menos, ese minuto.

Livingston nació en Peoria (Illinois), y allí fue donde dio sus primeros pasos en el deporte de la canasta y la pelota naranja. Se convirtió en una estrella en el instituto (Peoria Central) y visitó las universidades de Duke, North Carolina, Arizona e Illinois. “Con su altura (2,01), era capaz de ver cosas que los demás bases no veían“, escribió Mike Krzyzewski, técnico de los Blue Devils, en un email (Grantland). El espigado point guard se comprometió con Duke, pero la llamada de la NBA le llegó antes de que pudiera poner un pie en el parqué del Cameron Indoor Stadium. Después de conocer que los scouts de la Liga creían que sería un pick de la lotería (los 14 primeros puestos), Livingston asombró a todos los que se dieron cita en un entrenamiento pre-Draft en Chicago. “En una hora, solo anotó un par de tiros. Estaba muy nervioso. Pero cuando empezamos con los ejercicios de manejo y pase, dejó a todo el mundo alucinado. Tenía todas esas cosas que no se pueden enseñar. Puedes enseñar a alguien a tirar a canasta, pero no puedes enseñar la visión de juego o la habilidad para pasar el balón”, dijo Tim Grover, el preparador que llevó aquel entrenamiento y más conocido por haber trabajado con Michael Jordan o Kobe Bryant. Tenía que jugar sus cartas y prepararse para la NBA; había llegado su hora.

Tras una dura conversación con el decepcionado Krzyzewski (Duke se quedó sin uno de sus mejores reclutas), Livingston se presentó al Draft de 2004 y fue seleccionado en el puesto número cuatro por Los Angeles Clippers. Allí jugaría sus tres primeros años en la Liga, compartiendo vestuario, entre otros, con Elton Brand, Corey Maggette, Kerry Kittles, Sam Cassell y Cuttino Mobley.

Su juego crecía, como sus minutos y su importancia en una franquicia en la que le veían como su “mejor jugador” de futuro. “Era un gran defensor, tenía un IQ muy alto y su tiro mejoraba día a día“, aseguró en su día el entonces entrenador de los Clippers Mike Dunleavy. Pero entonces, con alguna ronda de playoffs a sus espaldas y un futuro más que prometedor, llegó el peor de los días. El 26 de febrero de 2007, en un partido ante los Charlotte Bobcats, Livingston sufrió una de las peores lesiones que se recuerdan sobre una cancha de baloncesto. Tras un robo de Mobley, el balón apareció al alcance de los brazos Shaun, y éste salió disparado hacia el aro rival. Aquella entrada a canasta cambiaría su carrera para siempre. Al caer, la pierna izquierda se le dobló por completo: Livingston se había dislocado la rodilla, destrozando todo lo que pilló por el camino. Ligamento cruzado anterior, ligamento cruzado posterior, menisco, ligamento colateral tibial, rótula y articulación tibioperonéa. Horror.

Noah Graham/NBAE/Getty Images

La ESPN avisaba de que la imagen podía dañar la sensibilidad (el vídeo aquí, aunque no lo recomiendo) y, ya en el hospital, creyendo que había sido simplemente una dislocación (ya le había pasado en su primer año en la Liga y le habían colocado la rodilla en el propio Staples, como en esta ocasión), la médico le dijo que la amputación era una opción. Por suerte, las pruebas fueron bien y Livingston ‘solo’ tendría que pasar por el quirófano, pero los médicos ni siquiera ponían la mano en el fuego porque fuera a poder andar con normalidad. Le esperaban muchos meses de rehabilitación, con el baloncesto, evidentemente, muy lejos de la ecuación: la parte más dura.

Te eligen en el Draft y tienes todo ese potencial para ser, quizás, jugador franquicia o un jugador muy importante de algún equipo. Ahora eres un jugador nuevo, no tienes la importancia que tuviste en su momento“, contaba el ahora base de los Warriors en Sportscenter. ¿Lo más difícil de la rehabilitación y el regreso a la NBA? “La parte mental“.

Livingston se recuperó muy poco a poco y entrenó durante casi un año solo, con su hermano y junto al sueño de volver algún día a la mejor Liga de baloncesto del mundo. La primera oportunidad post-lesión, más de un año después, le llegó en Miami (solo cuatro partidos y después ocho en OKC), pero pasó por hasta siete equipos antes de fichar por los actuales campeones de la NBA. Contratos de 10 días, temporadas enteras de solo unos minutos, traspasos por rondas protegidas top-55… Un viaje de vuelta lleno de obstáculos.

El primero que le dio una verdadera oportunidad de ser importante fue el recientemente fallecido Flip Saunders, en unos Washington Wizards que ganaron 26 partidos en la 2009-10. Su relación con él era especial. “Llamó. Cuando yo estaba en mi casa, tirado en el sofá y entrenaba con mi hermano dos veces al día. Me dio la oportunidad de jugar; de volver de verdad. No ganamos muchos partidos, no eramos un gran equipo. Pero él me trató como si fuera su hijo y me enseñó todo lo que sabía sobre el baloncesto. Después de pasar por sus manos, sentí que entendía de forma diferente el juego”, aseguró el base.

Tras Washington, 73 partidos en Charlotte, 58 en Milwaukee, otros 17 de vuelta en la capital y 49 en Cleveland antes de llegar a Brooklyn: su trampolín. En los Nets fue muy importante, llegó a los playoffs y terminó como titular junto a Deron Williams. Aquella temporada, con la confianza de Jason Kidd, disputó 26 minutos por partido (no jugaba tanto desde su etapa en los Clippers) y volvió a llamar la atención de muchos equipos de la liga. Aquel verano, el de 2014, firmó un contrato por tres temporadas con los Golden State Warriors: su primer acuerdo multianual en la NBA sin contar el de novato. Se lo había ganado.

USA Today Sports

El adiós de los Clippers, traspasado por los Heat (a Memphis), cortado por los Thunder, traspasado también por Bobcats y Bucks, cortado por Rockets y Wizards, no renovó con los Cavs y acabó consiguiendo su ansiado contrato tras pasar por Brooklyn, 10 años después de aquel 24 de junio en el que se convirtió en el número más alto de la historia del Draft para un guard recién salido del instituto. Siempre con la maleta entre los dientes.

Ganar la NBA es especial para todos y cada uno de los jugadores, pero quizás para Livingston lo fue un poco más que para muchos otros. “Es increíble (llegar a la cima). Es como Rocky; subimos las escaleras. Miras atrás y… Es algo increíble, y nadie te lo ha regalado“, decía en Sportscenter. Una carrera difícil de olvidar. Un jugador al que es imposible no apoyar.

Empecé en una posición muy buena, caí hasta el fondo y resucité de mis cenizas para llegar hasta la cima“.

fuente………………..as.com

Etiquetas

Miguel Montez

Periodista de Corazón y Alma. Siempre con PAPA DIOS a mi lado, guiándome por todos los caminos de mi vida.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar