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De perder los brazos en las vías del metro a escribir por la inclusión

El argentino Leandro Gil sufrió un accidente que le dejó sin brazos en 2008, salió adelante, se convirtió en periodista y hace dos años escribió su historia, que ahora convierte en audiolibro para reivindicar que las obras “tienen que ser accesibles para todos”.

Escribir “Las vías de la herida” (Milena Caserola, 2017) fue diferente a tener que relatarla, algo que sabía que le iba a costar más y que por ello delegó en uno de los amigos que siempre le apoyó, pero su objetivo, que llegará a más personas con el audiolibro, es el mismo: mostrar la dificultad de alguien con discapacidad para reintegrarse en la sociedad.

“Hay una cuestión social que deja en evidencia lo difícil que es para una persona con discapacidad encontrar trabajo”, asevera Gil en una entrevista con Efe antes de su participación en la 45 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde presenta el “audiolibro inclusivo” -como lo denomina- que publicará dentro de unos meses.

Él tuvo que luchar contra todos los “prejuicios” que ciernen sobre los discapacitados en primera persona, cuando se vio tumbado en una cama de hospital sin sus dos extremidades superiores y creyó que nunca podría hacer nada.

“En ese momento yo pensaba como los demás, desde la ignorancia. Si volviera atrás, le diría a mi yo de 22 años que se va a desafiar y va a aprender sobre lo que corresponde”, dice Gil.

Aquello fue en 2008, días después de caer a las vías del metro de Buenos Aires, el “subte”, como conocen los porteños a ese medio de transporte.

Un tren le pasó por encima, sobrevivió al accidente después de que lo salvaran los bomberos y a partir de ahí comenzó otro Leandro.

“Empezó una etapa de mi vida, una nueva era con una estructura completamente diferente, habiendo pasado por un montón de prejuicios”, indica.

Aunque se había graduado como maestro mayor de obras, eso nunca le gustó; siempre se le dio bien escribir y tenía la inquietud de escribir un libro, así que tras graduarse como periodista se puso a ello.

Historia vital tenía, y no solo por lo que le sucedió en la estación Jujuy de la línea E del “subte” sino porque tuvo una infancia atravesada por la violencia de una madre adicta y la ausencia temprana de su padre.

Así que aprovechó para contarlo todo, explica, cuando su hija, a la que tuvo dos años después del accidente y que ahora tiene nueve, le preguntó a los tres años qué le había pasado en los brazos.

“Como sabía que la historia era compleja y larga, le dije que se la escribiría para que la leyera cuando quisiera”, cuenta.

Primero llegó el libro común, pero Gil tuvo desde el primer momento la idea de que la historia fuera más allá y así reivindicar el alcance de la literatura a otras personas discapacitadas.

En su presentación en la Feria este sábado, el autor realiza un experimento para enseñar a las personas a escribir en el teléfono móvil de la misma manera en la que él completó varios capítulos de “Las vías de la herida”: con la nariz.

Su amigo Cristian Bertossi lo acompaña en la cita literaria porteña, la mayor de Sudamérica.

Bertossi es quien le pone voz al audiolibro, que aún se encuentra en el proceso de edición final.

“Todavía me tiembla la voz al hablar de ciertos temas y además soy periodista, no locutor, así que decidí cedérsela a otro que lo iba a interpretar mejor y me pareció más adecuado reconocerle a Cristian el amor que me da como amigo a diario”, reflexiona Gil.

Aunque reconoce que sus traumas nunca se llegan a “superar del todo”, dice que tras el accidente logró “millones de cosas” que no pensaba que podría, una de las enseñanzas que cree que contiene su obra.

La otra es la de concienciar sobre uno de los problemas que le frustraron durante un tiempo, la inclusión laboral.

“El trabajo es el primer paso a la dignidad de una persona porque te permite poder costear tu vida”, sostiene el periodista, que participará en la Cumbre Global de Discapacidad del próximo junio en Buenos Aires.

Para Gil, quien afirma que en alguna entrevista de trabajo le pidieron que mostrara cómo iba a teclear en un ordenador, persiste una “mirada social de que una persona con discapacidad no puede hacer nada”.

Superó todo, trabaja en el Ministerio de Educación argentino, conduce varios programas de radio, escribe para medios como La Nación y Forbes Argentina y cumple con su faceta activista en la Agencia Nacional de la Discapacidad y para la asociación Vidas Reales.

Mientras, rehizo su parcela afectiva, su niña de nueve años es “el motor” de su vida y en la actualidad mantiene una relación poliamorosa con dos parejas.

Sus próximas metas son la continuación de su libro, que se llamará “El pacto de las hormigas”, y traducir el actual a braille y otros idiomas. EFE

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